El otro día en una obra en Santa Fe surgió la necesidad de programar trabajos y optimizar tiempos. Y recordé la querida obra de la Estación Terminal de Trenes de Retiro de Buenos Aires en la que junto a mis compañeros Ricardo Silguera y Pablo Argerich nos tocó trabajar en un andamio que de tan lindo era una obra en sí misma: una obra dentro de otra obra.
El Plan de Trabajos que propusimos para hacer un laburo fino contemplaba un plazo de 8 meses pero ese lapso resultaba larguísimo para la gestión de las autoridades de la ciudad, que exigieron 3 meses. Era imposible. Salvo que llame Pekerman. Por suerte para nosotros estaba Fabián, de la empresa subcontratista de andamios Mekano; y con su solución se hizo técnicamente viable el increíble plazo de 4 meses.
Fabián proyectó un mega andamio con forma de puente que dejaba libre la superficie del piso, para permitir así la colocación de solados por debajo de sí mismo.

La estructura tenía ruedas que, montadas sobre un par de rieles, permitían el deslizamiento del andamio-puente-móvil, jalado por dos motores, siguiendo el ritmo vertiginoso de nuestro cronograma de trabajos sin tener que desarmar y volver a armar.
Por si fuera poco, en las alturas ofrecía varios niveles de trabajo simultáneo con una comodidad espectacular. Constaba de plataformas laterales en 2 y 3 niveles, más una plataforma perimetral en anillo, más otra cuadrangular en el centro, bien elevado, para acometer los frisos centrales.
Un lujo total. Eso sí: daba pereza bajar; había que tener piernas y mejor no olvidarse nada antes de subir. En el sumun de lo inverosímil, esta verdadera máquina rodante nos permitía ofrecer, ataviados con ese halo místico y romántico que la especialidad del Restauro provee, recorridos de verdadera aventura y vértigo por sus entrañas, para exhibir los avances y peculiaridades del cielorraso centenario que estaba entonces, como nunca, al alcance de la mano.
En dicho privilegiado mirador habitábamos los restauradores, pintores y colegas cual aves de altura, contemplando intocables las muchedumbres alienadas que brotaban apelmazadas y asfixiadas de los trenes y se arrojaban con frenesí a los colectivos, y viceversa. Millones de almas pasaron por debajo de ese puente.

No sé si alguna vez el Universo y la Arquitectura me darán la oportunidad de repetir tan linda experiencia. Me animaría a decir que no, pero el Universo ya me contradijo bastante demostrándome que siempre puede haber más y mejor.
Ojalá así sea. Y ojalá en Santa Fe las cosas resulten tan bien como en Retiro.
Related contents
BA Retiro Train Station restoration management
@elaskardamian pictures