Foster, Bonavena y Huracán

Moderna Buenos Aires es una campaña de los arquitectos para acercarse a la gente a través de las obras nacidas desde 1930 hasta la actualidad.

A veces la vida nos sorprende. En junio de 2011 me ví entrando a una obra hermosa que era sólo un enorme pozo del tamaño de una manzana entera y 4 pisos de profundidad. Hoy, es un hito porteño en Parque Patricios. Un barrio mítico, repleto de historia y leyendas que forjaron su recia identidad.

El edificio es un titán de hormigón visto y vidrio. Un gigante bello y estético que conjuga con fina gracia la monumentalidad de su escala brutal con la armonía orgánica de sus partes, logrando un equilibro exquisito de volúmenes llenos y vacíos, y de geometrías rígidas y flexibles.

El interior es heredero de la idea principal del proyecto, que consistió en alojar, debajo de un inmenso techo abovedado de cañón corrido -familiar directo de los silos de hormigón linderos y del lenguaje fabril de edificios industriales, depósitos y barracas clásicos del barrio- un multiespacio franco, generoso y diáfano que se articula en distintos niveles por medio de esbeltas bandejas de hormigón visto, vinculadas entre sí a través de un sistema de pasarelas y escaleras. Todas las bandejas confluyen hacia un espacio principal delantero que constituye una gran plaza seca, verdadera extensión interior y semicubierta del célebre Parque de los Patricios, ubicado inmediatamente por delante del edificio.

El resultado de esta propuesta de arquitectura reconstruye un complejo y muy caracterizado microambiente interior, contenido por el techo, dentro de un ambiente exterior también muy caracterizado por las arboledas del parque y el espíritu fabril del barrio. Consigue combinar un programa corporativo a gran escala (potencial carne de cuestionamientos), una distribución espacial y visual expandida y sin confinamientos, y un edificio privado pero perfectamente integrado a su entorno.

Al disfrutar la magnífica cubierta, es necesario realizar un esfuerzo de imaginación y comprensión para entender que está construída enteramente de hormigón armado. Es tal su gracia, su delicadeza, su liviandad, su flexibilidad, su inmensa dimensión y su influencia directa sobre el espacio que acoje, que el encuadre conceptual de este elemento del edificio supera al análisis arquitectónico, ingresando en el análisis artístico. Resulta imposible obviar que semejante conjunción de méritos formales, estructurales, espaciales y estéticos tienen su génesis en las leyes de la Naturaleza. Quizás por eso la llamamos «Madre»: Madre Naturaleza.

Resulta, también imposible, obviar la presencia implícita del Maestro Amancio Williams en estas ya familiares y queridas geometrías. Elijo creer que Él está orgulloso de este precioso edificio que embellece y mejora a Buenos Aires.

Por si fuera poco, esta experiencia única me regaló buenos amigos y colegas, con quienes comparto el privilegio de haber trabajado en esta obra. Recuerdo que cada mañana, al llegar, me repetía interiormente: «Gracias. No creo que me toque otro trabajo igual…»

Por suerte, me equivoqué.

Visita guiada a la Sede de Gobierno de Buenos Aires, de la mano de sus creadores

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