Si acusa el lector intestinos anhelos de ser autor y propietario de un palacio auténtico, basta con seguir estos simples pasos. Una vez realizado podrá pavonearse ante sus colegas y amigos, celebrar mitines autoproselitistas y ser sujeto de admiración de propios y –sobre todo- de ajenos. Siéntase poderoso. Glamour asegurado.
Paso N°1 – Relevamiento
Despejado de yerbas varias el muro y lavado suavemente con agua tibia, contemplaremos todas y cada una de sus placas y las palparemos, intentando adivinar cuáles se mantendrán otros 150 años en su posición y cuáles se desprenderán la semana próxima.
Ante lo incierto de esta faena resulta conveniente encomendarse a supersticiones, supercherías, amuletos y kabalahs. Cuentan con ventaja aquellos individuos que ostenten varios palacios en su haber, y todo timbero expulsado de hipódromos, casinos y agencias de quiniela clandestina por alto índice de aciertos.
Confiando en el pálpito ganador colocamos un rótulo sobre las placas electas para evitar que la fija se nos vuele. Por ejemplo: «esta placa se cae seguro». Si no estamos para nada seguros, entonces podemos numerarlas.

Como todo cambia y todo pasa, es recomendable utilizar un plano de arquitectura para evitar olvidos, aunque a veces ocurren igual.

Paso N°2 – Ingredientes secretos
Nuestro objetivo es fabricar nuevas placas idénticas a las originales que se hayan destruído, y colocarlas en las mismas posiciones. Queremos construírlas de la misma forma en que lo hicieron los ingleses. Cada placa parece igualita a la de al lado pero notará aquí todo agudo observador, que son en realidad todas distintas entre sí.
Nos dijo el gurú de la obra que hay 4.218 placas.
Así las cosas decidimos adoptar una actitud inexplicable y temeraria contraria a toda lógica y reproducir, una por una, cada placa rotulada mediante un molde de caucho y fibra de vidrio: de eso se trata este texto. De la fabricación amorosa, artesanal y esmerada de un molde con corazón de suave y esponjoso caucho, y caparazón de fibrosas y vidriosas fibras homónimas. Así, cada placa nueva se creará como si de una torta bizcochuelo se tratara, usando una mezcla para el relleno, y un molde.
A saber: con juvenil decisión pintamos cada placa con la Mezcla Secreta N°1, no sin antes haber esterilizado el sector mediante enmascaramiento preventivo (o sea, cubrir la pared con nylon). Hay que darle despacito y con paciencia.

Luego empezamos a pintar la placa con la Mezcla Secreta N°2, «hasta formar una masa uniforme de espesor aproximado de 1 dedo índice». Comprobará con satisfacción el aplicante que la mezcla va tomando consistencia con las sucesivas manos: luce horrible, pero va bien.

Ante este favorable panorama resulta menester no perder la juvenil decisión y demostrar perserverancia y seguridad hasta que la placa quede en su totalidad pintada, como si de chocolate blanco fuera la cobertura de nuestra torta.

Habremos terminado aquí la creación del interior blando del molde, cuya función es replicar la exacta morfología superficial de la placa con sus concavidades alveolares, filos, hoquedades y textura superficial gracias a la elástica flexibilidad del caucho que, una vez adquirida su gomosa dureza definitiva, acojerá una y otra vez los morteros y les imprimirá la identidad pétrea de las placas, como si de un chablón 3D se tratara.
Cosa`e Mandinga.
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