Vallecitos Cuatromil 115

No conformes con lo hecho hasta el momento -por hecho entiéndase viajado, entrenado, preparado, renegado, y sufrido-, decidimos lo menos sensato que se nos pudo ocurrir: tratar de hacer las cosas bien. Es que para llegar a los seismiles hay que haber llegado antes a los miles, dosmiles, tresmiles, etc… y así hasta los seismiles.

Noches de reuniones en Buenos Aires, inmersos en el tedio que esa ciudad nos genera. Marcamos el simple y humilde objetivo de alcanzar un cuatromil. Habitar varios días en la altura, aprender a aclimatar, portear y vivir equilibrados por sobre los 3.000mts durante el tiempo que la montaña nos lo permita.

Para abreviar el cuento, esto fue lo que salió:

Día 1: cruzamos el país de este a oeste, Rosario-Mendoza.

Viernes 22 de marzo a la mañana. Secuencia de imágenes del viaje de ida.
Viernes 22 de marzo a la tarde. Más imágenes del viaje de ida.

Días 2 y 3: armamos campamento base, nuestra casa por los próximos 6 días. Lo hicimos porteando, mejor método para aclimatar sangre y piernas.

Sábado 23 de marzo. Algunas imágenes del primer día en cancha.

Día 4: tiramos Adolfo Calle con éxito. Día 5 descansamos.

Lunes 25 de marzo. Imágenes del ascenso a un 4.000 msnm (Adolfo Calle)

Día 6: tiramos el cerro San Bernardo. A 200m de cumbre, la entregamos seguros por falta de tiempo y nubosidad confirmada.

Miércoles 27 de marzo. Imágenes del descenso de otro 4.000 msnm (San Bernardo)

Día 7: descansamos, meditamos, agradecimos. Día 8: porteamos campamento base para abajo y tomamos cervezas. Día 9: regresamos cruzando Argentina de oeste a este, Potrerillos-Arteaga.

Jueves 26 de marzo. Imágenes de una jornada descansando a 3.500 msnm

Consideraciones finales:

Lo planificado nos salió perfecto. Nuestro hábito de hacer mucha inteligencia previa no es en vano. Las lecciones aprendidas en Champaquí a fuerza de miedo y nervio pudimos ejercitarlas aplicada y prolijamente en esta travesía. Sin miedo ni nervio, con total seguridad tomamos decisiones correctas en momentos precisos. La Montaña da revancha. La sintonía entre Hernán y yo es gratificante y genera una sinergia muy valiosa. Nos sentimos un verdadero equipo, compartiendo profundas posiciones de vida que la Montaña y la Naturaleza, viaje a viaje, se encargan de enseñar.

Por eso somos Los Cumpas, amigos del Camino.

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