No conformes con lo hecho hasta el momento -por hecho entiéndase viajado, entrenado, preparado, renegado, y sufrido-, decidimos lo menos sensato que se nos pudo ocurrir: tratar de hacer las cosas bien. Es que para llegar a los seismiles hay que haber llegado antes a los miles, dosmiles, tresmiles, etc… y así hasta los seismiles.
Noches de reuniones en Buenos Aires, inmersos en el tedio que esa ciudad nos genera. Marcamos el simple y humilde objetivo de alcanzar un cuatromil. Habitar varios días en la altura, aprender a aclimatar, portear y vivir equilibrados por sobre los 3.000mts durante el tiempo que la montaña nos lo permita.
Para abreviar el cuento, esto fue lo que salió:
Día 1: cruzamos el país de este a oeste, Rosario-Mendoza.


Días 2 y 3: armamos campamento base, nuestra casa por los próximos 6 días. Lo hicimos porteando, mejor método para aclimatar sangre y piernas.

Día 4: tiramos Adolfo Calle con éxito. Día 5 descansamos.

Día 6: tiramos el cerro San Bernardo. A 200m de cumbre, la entregamos seguros por falta de tiempo y nubosidad confirmada.

Día 7: descansamos, meditamos, agradecimos. Día 8: porteamos campamento base para abajo y tomamos cervezas. Día 9: regresamos cruzando Argentina de oeste a este, Potrerillos-Arteaga.

Consideraciones finales:
Lo planificado nos salió perfecto. Nuestro hábito de hacer mucha inteligencia previa no es en vano. Las lecciones aprendidas en Champaquí a fuerza de miedo y nervio pudimos ejercitarlas aplicada y prolijamente en esta travesía. Sin miedo ni nervio, con total seguridad tomamos decisiones correctas en momentos precisos. La Montaña da revancha. La sintonía entre Hernán y yo es gratificante y genera una sinergia muy valiosa. Nos sentimos un verdadero equipo, compartiendo profundas posiciones de vida que la Montaña y la Naturaleza, viaje a viaje, se encargan de enseñar.
Por eso somos Los Cumpas, amigos del Camino.
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